HOMILÍA DE LA MISA CRISMAL: «EL PUEBLO ADQUIRIDO POR DIOS» ES UN PUEBLO UNGIDO.

Noticiero Arnmultimedios
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1.-"El Pueblo Adquirido por Dios", es un Pueblo ungido para estar con Jesús, y para evangelizar a los pobres.

Es un Pueblo ungido con el óleo perfumado, que representa al Espíritu Santo, que nos es dado junto con sus carismas el día de nuestro bautismo y nuestra confirmación, y a los sacerdotes y obispos además, el día de nuestra ordenación.

Dice el Evangelio que escuchamos hoy: "El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para traer Buena nuevas a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad, y los ciegos que pronto van a ver. A despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de Gracia del Señor… Después dijo hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar." (Lc. 4,18-19, 21). Ese está "sobre mí", es el resultado de la unción, y ese "hoy se cumplen" se actualiza hoy también por medio de nosotros.  De ese modo, por la unción del Espíritu, Jesús  y sus discípulos le pertenecemos total y exclusivamente a Dios y somos  enviados para entregarnos totalmente a la misión sin reservarse nada para nosotros mismos.

De esta manera también, los  diáconos permanentes, personas consagradas, miembros de los consejos, catequistas, fieles integrados en los diversos movimientos, asociaciones e instituciones, todos los bautizados  somos ungidos como servidores  del Reino  de Dios y cuanto más nos adentramos en la mentalidad de servidores y no de dueños, de instrumentos y no de autores, nos descubrimos  sencillamente ungidos y  administradores de los talentos que Dios nos ha confiado para hacerlos crecer en el servicio. San Agustín hablando de estas cosas dice: "Lo que soy para ustedes me asusta, lo que soy con ustedes me tranquiliza. Para ustedes soy, Obispo, con ustedes soy cristiano. Obispo, he ahí el título de una responsabilidad que uno acepta, cristiano, he ahí el nombre de la gracia que uno recibe.  Título lleno de peligros. Nombre que salva."(Sermón 340 CCL104, 919,1).

Por eso en la misa Crismal, además de la consagración  del Santo Crisma y  la bendición del óleo para los enfermos y el óleo para los catecúmenos, que servirán luego para ungir a los fieles, se  tiene  la renovación de las promesas sacerdotales.

2.-En cada Misa Crismal, los sacerdotes acudimos humilde y alegremente a la Santa Catedral, para escuchar  a nuestro Obispo que nos dice en nombre de Dios: "Amados hijos: al celebrar hoy la conmemoración anual del día en que Cristo, nuestro Señor, comunicó su sacerdocio a los Apóstoles y a nosotros, ¿quieren ustedes renovar  las promesas que hicieron  el día de su ordenación, ante su obispo y el pueblo santo de Dios?  Cada año también nuestro el "Sí, quiero", es acompañado por la música, la experiencia y del camino recorrido. Hermanos sacerdotes la renovación de nuestras promesas sacerdotales son, ante todo, una respuesta a Dios que nos eligió, llamó y ungió para ser enviados a la misión. Lo hacemos  ante Él , por eso le pedimos humildemente,  que Él nos ayude a hacerlo con un corazón sincero,  y deseosos de que en el servicio al Pueblo de Dios se nos vaya la vida, toda entera, y sin reservas.

Pero renovamos nuestras promesas sacerdotales también delante del Pueblo de Dios, porque a ellos fuimos destinados por la unción. Ellos esperan que nosotros les demos a Dios, les enseñemos a tratar con Él como un amigo trata con el amigo, para fortalecer la confianza y la seguridad que necesitan en las oscuridades de la vida. Cuanto más clara tengamos nuestra misión, más gozosa será nuestra respuesta y más fácil será perseverar en ella, porque Él mismo nos aseguró que su yugo es suave y ligero. Pero para que ese yugo sea suave y ligero, tiene que ser el suyo y no el que nos parece mejor a nosotros. Entonces la vida y ministerio sacerdotal se convierte en un servicio de entrega gozosa a la Iglesia y contagia a otros el deseo de vivirla. Alegrémonos por haber sido elegidos y llamados para servir a la Iglesia y vivir en el mundo como sacerdotes de Cristo. 

 

Conclusión.

Renovemos con gozo el ‘aquí estoy’ que pronunciamos cuando la Iglesia nos llamó a dar los primeros pasos en este ministerio. Digamos humildemente, “Sí, Señor Jesús”, también hoy pronunciaré de todo corazón: ‘aquí estoy Señor’. Pero necesito que tú estés firmemente conmigo, que tu Espíritu esté sobre mí y que todo mi ser y mi obrar esté totalmente inundado por Él. 

Vivamos este tiempo de gracia con un corazón abierto y dispuesto, para recibir y disfrutar el derroche de misericordia que brota para nosotros desde el trono de la "Cruz amable y redentora", donde estuvo clavado el corazón que más ha amado al mundo.

Que Nuestra querida Virgen del Carmen, Madre de la Iglesia y de los sacerdotes, sostenga con ternura y firmeza la fidelidad de nuestras promesas sacerdotales. Amén.

 

+Mons. Fidencio López Plaza

Misa Crismal 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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