EL DON DEL SACERDOCIO

Noticiero Arnmultimedios
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1.-TOMADOS DE ENTRE LOS HOMBRES:

Un sacerdote no se entiende sin  sus raíces, siempre será un hombre de la familia, del pueblo y de la cultura que lo generaron, nuestras raíces nos ayudan a recordar quiénes somos y de dónde Cristo nos llamó. Los sacerdotes no caemos del cielo, Dios nos ha llamado de "detrás del rebaño", nos ha tomado  “de entre los hombres”, para constituirnos “en favor de los hombres”. Por eso a los sacerdotes nos hace mucho bien no olvidar jamás nuestro origen como personas es decir nuestra familia y nuestro pueblo; y como  sacerdotes: y la Santa eucaristía y nuestra familia sacerdotal.

Hay que volver a nuestros orígenes como personas y como sacerdotes, hay que recordar a nuestros abuelos y a nuestros tíos, a nuestros padres y hermanos, las fiestas y las costumbres, las lágrimas y las alegrías que fueron dando forma al tesoro que llevamos en vasijas de barro. Si nos da vergüenza nuestro pasado, si negamos nuestra historia, nos hará mucho bien recordar la genealogía de Jesús, celebrar la Santa eucaristía, sentir nuestro cuerpo y sentirnos cuerpo de Cristo …Y luego cantar el magníficat. 

2.-CONSTITUIDOS EN FAVOR DE LOS HOMBRES.

Aquí hay un punto fundamental de la vida y del ministerio de los presbíteros. "Constituidos a favor de los hombres" respondiendo así, a la vocación a la que hemos sido llamados, para servir a Dios en los hermanos como sacerdotes. Las imágenes más sugestivas para descubrir la alegría y la belleza de ser sacerdotes  a la manera de Jesús, son entre otras: La imagen de "Jesús Sumo y Eterno Sacerdote”, cercano a Dios y cercano a los hombres; la imagen de “Siervo”, que lava los pies y se hace próximo a los más débiles; y la imagen del “Buen Pastor”, que siempre tiene como fin el cuidado del rebaño y dar la vida por sus ovejas. No somos sacerdotes para nosotros mismos, nuestra santificación está estrechamente vinculada a la de nuestro pueblo y nuestra unción a su unción: hemos sido ungidos para servir a nuestro pueblo. Saber y recordar que estamos “constituidos para el pueblo santo  de Dios, nos ayuda  a tener autoridad sin ser autoritarios, firmes pero no duros, alegres pero no superficiales, en definitiva, pastores, no funcionarios. Como decía san Ambrosio, en el siglo IV: “Donde está la misericordia está el espíritu del Señor, donde hay rigidez solo están sus ministros”. El ministro sin el Señor se vuelve rígido, y esto es un peligro para el pueblo de Dios. Pastores, no funcionarios.

3.-EN MEDIO DE LOS DEMAS.

Finalmente, lo que del pueblo nació, con el pueblo debe permanecer; el sacerdote está siempre “en medio de los demás hombres”, el sacerdote no es un profesional de la pastoral o de la evangelización, que llega y hace lo que debe –quizá bien, pero como si fuese un oficio– y luego se va a vivir una vida separada. No, se es sacerdote para estar en medio de la gente: la cercanía.  Hemos sido llamados a ser sacerdote para estar en medio de la gente. El bien que los sacerdotes podemos hacer, nace sobre todo de nuestra  cercanía y de un sincero  amor por las personas. No como  filántropos o funcionarios,  sino como padres y hermanos. La paternidad de un sacerdote hace mucho bien. Cada vez que nuestros fieles nos llaman padres nos entregan el sueño de Jesús, nos manifiestan lo que andan buscando y nos recuerda lo que estamos llamados a ser: padres misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso". Este el principio fundamental de la actuación de Dios y de Jesús, y que debe serlo también se sus sacerdotes y de la Iglesia.  Que así sea.

 

+Mons. Fidencio López Plaza

V Obispo de la Diócesis de San Andrés Tuxtla

 

 

 

 

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