TRES ÓLEOS Y TRES DIMENSIONES DE LA VIDA CRISTIANA

Noticiero Arnmultimedios
Spread the love

 

 

TRES ÓLEOS Y TRES DIMENSIONES DE LA VIDA CRISTIANA.      

 

 San Andrés Tuxtla, Ver.

17 de abril del año 2019.

 

Hermanos Sacerdotes, Diáconos, y Seminaristas. 

Hermanas de vida Consagrada.

Hermanas y hermanos representantes de todas las Parroquias de nuestra Diócesis.

Hermanas y hermanos todos en nuestra fe católica.   

A esta celebración litúrgica se le llama "Misa Crismal",  porque en ella se bendicen los santos óleos. El óleo para la unción de los catecúmenos, el óleo para  la unción de los enfermos y en ella se consagra también el santo crisma para los grandes sacramentos que confieren el Espíritu Santo: Confirmación, Ordenación sacerdotal y Ordenación Episcopal. En esta triada de oleos, se expresan tres grandes dimensiones esenciales de la vida cristiana. Sobre esto comparto tres sencillas reflexiones. 

1.-Primera reflexión: Óleo de los catecúmenos

El catecúmeno se define como un buscador de Dios que cuando lo encuentra, descubre que Dios ya lo ha primeriado. El que Dios mismo se haya hecho hombre, y haya bajado a los abismos de la existencia humana, nos muestra sencillamente que "Dios es amor" y que nos ama entrañablemente.  Este es el descubrimiento de los catecúmenos,  por eso "movidos por el Espíritu Santo, solicitan explícitamente ser incorporados a la Iglesia"(Cfr. CIC 206 § 1), y la Iglesia los recibe con inmensa alegría y con la gran propuesta del  itinerario catecumenal. En este contexto, la unción con el óleo de los catecúmenos, es por un lado, como el primer modo de ser tocados por Cristo y por su Espíritu, y por otro, como el primer signo de las personas que se ponen en camino hacia Dios.

Con el óleo de los catecúmenos, los que se preparan al bautismo se vigorizan, y reciben la fuerza divina del Espíritu Santo, para poder renunciar al mal, antes de  renacer en la fuente del bautismo.

Así se actualiza de modo permanente el último mandamiento de Jesús a sus discípulos antes de ascender al cielo: "vayan por todo el mundo y hagan que todos sean mis discípulos. (Mc.16,1s).  

"Así, nos llevaremos a nuestras parroquias  no solo el aceite bendito, sino el sueño de Jesús y el gran desafío de asumir la iniciación cristiana y la catequesis permanente, como la manera ordinaria de introducir a la vida cristiana (Cfr.DA.294).

Seguramente en estos momentos ustedes hermanas hermanos, están recordando nombres y rostros de muchos hermanos que en sus parroquias están esperando el santo óleo de los catecumenos.

2.-Segunda reflexión: Óleo de los enfermos. 

"Si entre ustedes hay alguien que está enfermo, "Que llame a los ancianos de la Iglesia, que oren por él y lo unjan  con aceite en el nombre del Señor" (St 5,14-15).

Curar a los enfermos es un encargo primordial que Jesús ha confiado a la Iglesia. El anuncio del Reino de Dios a la manera de Jesús,  incluye curar los corazones desgarrados” (61,1) e imponer  las manos sobre los enfermos para que estos queden sanos (Mc.16, 17-18). Por eso el anuncio del Reino de Dios, debe dirigirse ante todo a  curar el corazón herido de la humanidad,  porque las heridas que no cierran sangran toda la vida, porque los corazones enfermos  contagian su enfermedad, porque los corazones corruptos también generan corrupción. Por eso el óleo para la Unción de los enfermos es la expresión sacramental visible de esta misión que Dios nos encomienda.  

Así, nos llevaremos a nuestras parroquias  no sólo el aceite bendito, sino el mandato de Jesús de sanar  a los enfermos", y el gran desafío de acompañar con señales el anuncio del Reino de Dios. No pasemos de largo ante nuestros hermanos golpeados, heridos y otros medios muertos por el miedo, la inseguridad la violencia, y la corrupción que estamos padeciendo…

Seguramente en estos momentos ustedes hermanos y hermanas, están recordando nombres y rostros de muchos hermanos que en sus parroquias están esperando el santo óleo de los enfermos.

3.-Tercera reflexión: Óleo del Santo Crisma.

San Pedro, en su primera carta apostólica retoma la promesa que Dios había hecho a Israel en el Sinaí: “Serán para mí un Reino de sacerdotes y una nación santa” (Ex 19). En ella desarrolla una hermosa catequesis bautismal, en la que sintetiza la historia, y aplica la elección de Dios a Israel a toda la comunidad de los bautizados: “Ustedes, en cambio, son un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anuncien  las maravillas del que los llamó de las tinieblas a su luz admirable"  (1 P 2, 9-10). 

La unción con el santo crisma en el Bautismo y en la Confirmación, es una unción que introduce en ese ministerio sacerdotal de Cristo para la humanidad. Los cristianos somos  un pueblo sacerdotal para el mundo, y nuestra   misión consiste en  hacer discípulos misioneros enamorados de Jesucristo y de su proyecto de vida, de justicia, de amor y de paz.  Por eso ante esta luz, propia de la misa Crismal,  hemos de preguntarnos: ¿estamos siendo realmente luz del mundo y sal de la tierra o nos hemos apagado y hemos perdido el sabor? ¿Abrimos o cerramos la puerta a otros hermanos? ¿En nuestras parroquias somos capaces de contagiar la fe  o al contrario somos motivo de escándalo? 

Con estas preguntas y sobre todo  con las respuestas, nos llevaremos a nuestras parroquias  no sólo el Santo Crisma consagrado, sino la viva conciencia de ser el pueblo de Dios, pueblo de sacerdotes, profetas y servidores, pueblo que Dios quiso hacer suyo, para que anunciara su Reino. Seguramente en estos momentos ustedes hermanas y hermanos, están recordando nombres y rostros de muchos hermanos que en sus parroquias están esperando el santo Crisma de su testimonio y de la misión que Dios nos ha enmendado.

Me dirijo finalmente a ustedes, mis queridos hermanos en el ministerio sacerdotal. El Jueves Santo es nuestro día de un modo particular. Celebremos la memoria de aquel día y aquella hora, en la que nos postramos sobre la tierra como seres humanos débiles y vulnerables, y nos levantamos sacerdotes al servicio del pueblo de Dios. Renovemos aquel hermoso encuentro Con Jesús, encuentro de ojos abiertos de corazón palpitante y de sudor en las manos…y escuchemos la oración de Jesús por nosotros: “Santifícalos en la verdad” (Jn 17, 17). Con enorme gratitud por el don del sacerdocio y con gran humildad por nuestras por nuestras limitaciones y debilidades, dirijamos en esta hora de nuestro caminar como sacerdotes, aquel "si quiero", que con gran alegría y libremente resonó el día de nuestra ordenación sacerdotal.

No olvidemos que San Andrés nos quiere discípulos misioneros de las cuatro de la tarde, no olvidemos que la santísima virgen del Carmen nos lleva en sus brazos y nos cuida y nos protege, como a su hijo Jesús. Que así sea.

 

+Mons. Fidencio López Plaza

Obispo de la Diócesis de San Andrés Tuxtla

 

 

Galería de imágenes: MISA CRISMAL 2019
 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *