Familia, alegría de comunión

Familia
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Hnas. Raquel Cravioto G. M.J.H., e Hilda Cortés M. OSCCap.

Dentro de las perspectivas pastorales que plantea el Papa Francisco, se considera el anuncio del Evangelio a la familia de hoy haciendo un llamado a la misión participativa con carácter interdisciplinario o sinérgico, en el que cada persona involucrada en el trabajo a favor de la familia aporte los dones de acuerdo a su especialización considerando que al presente la familia sigue estando llamada a su principio último que el menciona como la base de la civilización humana sobre la tierra: comunión y fecundidad ( núm. 277 Amoris Laetitia ) .

Cada consagrado está en función de la educación de la familia bajo los criterios evangélicos del anuncio kerigmático, no cualquier anuncio, no un anuncio añejo, sino un renovado anuncio kerigmático y ¿por qué? Y ¿para qué?

Actualmente la familia necesita escucharte profeta, necesita ver en tu rostro la alegría del encuentro con Cristo que planifica; anhela escuchar de tus labios, desde tu corazón alternativas de solución y al caminar juntos sentirse acompañada en su proceso de trascendencia al Padre.

La Familia necesita descubrir posibles soluciones a su problemática de abuso sexual, drogadicción, indefinida identidad psicosexual, infidelidad, abandono, apego inseguro, miedos, temores; necesita de tus certezas que saben identificar las huellas de un Dios cercano, de Cristo Jesús que comunica su espíritu a través del cual hace extensa y permanente su pasión por la humanidad, por tu humanidad que también clama por ser redimida.

Ante nosotros tenemos un reto, ¿qué puede trastocar los principios fundamentales al interior de la familia? si en sus relaciones subyacen desde la profundidad de la historia personal un sin fin de interacciones como parte de sus procesos de desarrollo humano.  Ahí donde se ubica la génesis de lo que hoy denominamos crisis en la familia, desde un inconcluso desarrollo de las estructuras psíquicas, físicas, morales o espirituales, incluyendo los abusos psicológicos, maltrato físico, abuso sexual, dominación, violación a los derechos fundamentales de la persona, etc.

Privar al infante o a cualquier miembro de la familia de afecto y calor paterno- materno es alentar su frustración haciéndole un ser intolerante, poco capaz para la socialización, sin interés autentico por el otro, de ser solidario y por consiguiente apático ante la necesidad de comunión  con  el hermano.

¿Cómo pretender una esperanza fecunda cuando el hombre se encuentra enajenado cada día en lo efímero, lo caduco, en la inmediatez de las cosas y al vértigo de redes sociales numerosas, pero de escasa vinculación afectiva?, En familias en donde  muchas veces los padres están ausentes aunque la imagen que la familia resguarda como célula, sea la prototípica: papá, mamá  e hijos: ¿Por qué  ello no garantiza la idoneidad de cada uno de sus miembros para ser testimonio de unidad fecunda?

 Hijos: ¿dónde están tus padres?, esposo: ¿dónde has colocado a tu esposa?               esposa: ¿hacia dónde desplazas a tu esposo?, profesional: ¿dónde están tus panes y peces para compartir?, consagrado: ¿dónde se encuentra el gozo de saberte redimido en tus heridas familiares para evangelizar desde la vinculación profunda y desde el misterio trinitario que alcanza tus relaciones humanas?

¡Familia tu esencia es el amor, tu ancla la Trinidad indivisa, tu orientación la fuerza del Espíritu, tu testimonio la Alegría del amor compartido!