Patrocinadores

FAMILIA

¿Cuándo hablar de una adicción a las redes sociales?

 

 

Viernes, 28 de julio de 2017

SIAME

“La mayoría de los usuarios de las redes depende en gran medida de la opinión ajena para formar su propia imagen, pero la decepción puede venir después”, advierte psicóloga.

 

Cuando hablamos de adicciones inmediatamente se nos viene a la mente el alcohol, el tabaco, las drogas; pocos son los que relacionan esta palabra con otras situaciones. Veinte años atrás nadie hubiera creído que pudiera haber adicción a la televisión, a los videojuegos o a las compras; sin embargo, hoy en día éstas existen, y entre ellas, comienza a preocupar de manera particular la relacionada con las redes sociales.

En entrevista para Desde la fe, la psicología María Guadalupe Chávez Mendoza, del Centro Cenyeliztli A.C. explica que si bien la adicción a las redes no causa afectaciones físicas, como sucede con las drogas, sí tiene un gran potencial para causar daños a largo plazo en las emociones, en el comportamiento y en las relaciones personales.

Destacó que este tipo de adicción la padecen principalmente los llamados ‘millennials’ –jóvenes nacidos entre 1980 y 2000– porque para ellos la cultura digital no sólo sirve para relajarse, sino también para interactuar con los demás, pues es su mejor contacto con el mundo exterior.

Incluso –dijo– se puede decir que esta adicción le va ganando terreno al consumo de alcohol, pues muchas personas prefieren estar en línea que en un bar con los amigos.

La especialista asegura que quienes padecen esta adicción por lo general sienten la necesidad de estar conectados a las redes sociales el mayor tiempo posible, sin importarles que tengan cosas que hacer, lo que termina por afectar su vida en diferentes campos: personal, escolar, laboral, social, etc. 

“Podríamos decir que este es un indicador del problema, sobre todo si viene acompañado de ciertos síntomas; por ejemplo, sufren ansiedad cuando no están conectadas. Es una ansiedad similares a la producida por otras adicciones que desarrollan el llamado ‘síndrome de abstinencia’.


Al igual que otras sustancias, la adicción a las redes sociales también produce un efecto de placer, de evasión de la realidad y evita que la persona experimente emociones desagradables; de igual forma, sufre alteración del sueño –pues al estar conectada, duerme poco–, así como apatía a la convivencia y a socializar. 

Explicó que la mayoría de los usuarios a las redes depende en gran medida de la opinión ajena para formar su propia imagen: el problema aquí –dijo– es que su personalidad se crea con base en las opiniones de un auditorio infinito, lo que genera un mayor narcisismo, pues ante ellos buscan destacar su inteligencia, reputación académica o atractivo físico para recibir la aprobación constante.

Consideró que parte de este problema radica en la soledad, que en el caso de los ‘millennials’, se debe a la ausencia de sus padres a causa de las largas jornadas laborales. “Estos por lo general creen que si las cosas van mal, pueden obtener ayuda de su comunidad digital, incluso aunque ésta se componga de personas relativamente desconocidas”; la depresión vendrá después, cuando no logren llenar con las redes sociales su vacío emocional. 

Chávez Mendoza refirió que a pesar de que en la sociedad se ha empezado a tomar conciencia de este problema, aún no existe un tratamiento adecuado, pues todavía no hay una clasificación como tal para la adicción a las redes sociales, como sí la hay para el abuso de sustancias tóxicas. Aseguró que para que esto suceda, es necesario que haya una definición más clara de los síntomas, a fin de determinar si dicha adicción debe atenderse con fármacos o solamente con terapias psicológicas o de grupos de autoayuda.

Para finalizar, la psicóloga consideró que las redes sociales son una gran ventana abierta en la que cualquier persona se puede asomar; sin embargo, como cristianos, debemos utilizar este medio para darle gloria a Dios: “Dime sobre qué escribes a diario en las redes sociales, y te diré qué es lo más importante en tu día a día. Cuidar las palabras es cuidarse uno mismo; que todo lo que se escriba sea de corazón, para el Señor y no para los hombres; procurar que la vida en línea sea un reflejo de lo que es la vida fuera de las redes sociales, pues nadie puede engañar a Dios; si nos mostramos piadosos y no lo somos, es hipocresía, mentira, y por lo tanto, pecado”, concluyó.

 

 

Fuente: http://www.siame.mx/