Tecnología

El Aula Paulo VI y la energía solar

 

Los paneles solares recién inaugurados en el Vaticano, con la cúpula de San Pedro al fondo. (Foto: Efe)

 

Miércoles, 13 de julio de 2016

 

Las celdas solares del techo del aula tienen una doble función: proteger el edificio de la radiación y convertir la energía solar en electricidad.

Aunque la encíclica del Papa Francisco, “Laudato Si’, sobre el Cuidado de la Casa Común”, está fechada el 24 de mayo de 2015, la preocupación de la Santa Sede por la ecología lleva varios años, y una prueba de ello es la adaptación del Aula Paulo VI del Vaticano que cuenta con energía solar a partir del 26 de noviembre del 2008, durante el pontificado de Benedicto XVI.

Sobre el techo de 5 mil metros cuadrados del Aula, cuya capacidad es para 6 mil 300 personas sentadas, se instalaron 2,400 paneles fotovoltaicos, suficientes para el consumo de energía del edificio: iluminación, calefacción y aire acondicionado, produciendo 300 kilovatios-hora de energía limpia al año.

Esta tecnología fue donación de las empresas alemanas SolarWorld y SMA Solar Technology, que en 2008 obtuvieron el reconocimiento “European Solar Prize”, en la categoría de arquitectura solar y desarrollo urbano.

Es probable que a partir de esta experiencia tecnológica, el Papa Francisco haya dedicado, con conocimiento de causa, algunos renglones a la energía solar en su Encíclica: “El aprovechamiento directo de la abundante energía solar requiere que se establezcan mecanismos y subsidios de modo que los países en desarrollo puedan acceder a transferencia de tecnologías, asistencia técnica y recursos financieros, pero siempre prestando atención a las condiciones concretas, ya que «no siempre es adecuadamente evaluada la compatibilidad de los sistemas con el contexto para el cual fueron diseñados». Los costos serían bajos si se los compara con los riesgos del cambio climático. De todos modos, es ante todo una decisión ética, fundada en la solidaridad de todos los pueblos.”

El Aula Paulo VI fue diseñada por el arquitecto italiano Pier Luigi Nervi, por encargo del beato Paulo VI en 1964, y las obras comenzaron en 1966, bajo la vigilancia de Pasquale Macchi. La inauguración tuvo lugar el 30 de julio de 1971, como un espacio alternativo a la Plaza de San Pedro para la Audiencia General de los miércoles y otros eventos masivos.

Las celdas solares sustituyeron a los primitivos paneles de hormigón con una doble función: pasiva, protegiendo el edificio de la radiación, y activa, convirtiendo la energía solar en electricidad. Esta energía también se aprovecha en la red eléctrica del Vaticano cuando el auditorio no se utiliza.

El ahora Papa Emérito Benedicto XVI, en distintas ocasiones había hablado de "la utilización desigual de la energía" en el mundo, y también de los daños al medio ambiente que se estaban haciendo, "especialmente insoportable la vida de los pobres en todo el mundo".

El día de la inauguración de estos paneles solares, Carlo Rubbia, un científico italiano que ganó el premio Nobel de Física en 1984, comentó: "Es una iniciativa muy valiente. El Sol tiene 100,000 veces la energía producida por las fuentes tradicionales de energía de la Tierra. Por eso necesitamos tanto la ciencia, la inversión en la investigación para el futuro".

Con justa razón el Papa Francisco comenta en su Encíclica en la que habla del aprovechamiento racional de los recursos: “Nadie pretende volver a la época de las cavernas, pero si es indispensable aminorar la marcha para mirar la realidad de otra manera, recoger los avances positivos y sostenibles, y a la vez recuperar los valores y los grandes fines arrastrados por un desenfreno megalómano”.

 

 

Fuente: http://www.siame.mx/

 

 

 

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