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NOTICELAM - 08 DE OCTUBRE DEL 2015

 

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"El mensaje de la Palabra Encarnada, exige que se haga presente, no al Hombre en general, sino al Hombre de hoy"‏

 

Luis H. Rivas. Presbítero argentino, biblista y escritor

 

"Hemos leído biblias en las que Dios nos hablaba en lenguaje arcaico"
 
La traducción de la Biblia de la Iglesia en América (BIA) contó con la notable participación de un experimentado sacerdote argentino, autor tan prolífico como homenajeado. Luis Heriberto Rivas es uno de los expertos biblistas más reconocido a nivel internacional. Sus obras se cuentan por decenas y es doctorHonoris causa por la Universidad Católica de Argentina (de donde es profesor emérito). Para el trabajo de traducción animado por el Consejo Episcopal Latinoamericano y patrocinado por los obispos de Estados Unidos, Rivas auxilió en una decena de libros bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
 
Sé que cuando le convocan a colaborar en la BIA, usted se encontraba ya en las orillas de las responsabilidades ministeriales, de hecho, en estos diez años se ha hecho acreedor a homenajes y reconocimientos pero ¿cómo le sirvió a usted este trabajo en esta etapa tan dura que suele ser el retiro o el emeritazgo de mayores responsabilidades?
 
...En esta coyuntura, cuando ya estaba comprometido con todos los cursos mencionados, me pidieron que me ocupara de la traducción de algunos libros deuterocanónicos para la BIA. Con el correr de los años me fueron pidiendo que me encargara de otros libros más, y también del Nuevo Testamento. Por eso puedo decir que aún no he tenido la oportunidad de sufrir la "etapa dura" del retiro de mi tarea docente. Por el contrario, sigo experimentando la alegría de continuar con la habitual tarea de trabajar en la enseñanza y difusión de la Palabra de Dios.
 
¿Le ha cambiado la perspectiva de la Iglesia en América a través de este trabajo y el contacto con los colaboradores y coordinadores?
 
Si debo decir que he cambiado, es porque he mejorado mi percepción de lo que es América Latina. Debo hacer mención de otros trabajos anteriores: entre Medellín y Puebla (1968 - 1978) tuve la suerte de trabajar como adjunto para las relaciones con los judíos en el Departamento de Ecumenismo del CELAM. (Algunos dicen que en América yo conozco más Sinagogas que Iglesias. Eso tiene algo de verdad.). El desempeño de esta responsabilidad me permitió conocer el aspecto ecuménico -ciertamente limitados, pero muy enriquecedores- de la vida de la Iglesia en América Latina. Ahora puedo ver de cerca otro aspecto: el trabajo de quienes se empeñan en el estudio, la enseñanza y la difusión de las Sagradas Escrituras. He conocido el empeño con que muchos se ocupan -en situaciones muchas veces muy difíciles- de la enseñanza y la difusión de la Escritura, y a través de ellos he podido conocer cómo "la sed" de conocer la Palabra de Dios se da también en el pueblo sencillo de otros países muy diferentes del mío.
 
Se insiste que la BIA busca 'fidelidad al texto y fidelidad al lector' ¿Cómo se explica el tema de la fidelidad al lector, cómo se intentó ser fiel a un lector hispanohablante del siglo XXI, globalizado, informado, actante de multiplataformas?
 
En varias oportunidades el Beato Papa Pablo VIse ocupó de este tema. En una de ellas, hablando de la fidelidad de los exégetas a la Palabra, añadió que "la fidelidad a la Palabra encarnada exige también, en virtud de la dinámica de la Encarnación, que el mensaje se ha­ga presente en toda su integridad, no al hombre en general, sino al hombre de hoy, aquel a quien se anuncia ahora el mensaje. Cristo se hizo contemporáneo de algunos hombres y ha­bló en su lenguaje. La fidelidad a Él exige que esta contem­poraneidad siga existiendo. En esto consiste toda la obra de la Iglesia, con su Tradición, el Magisterio y la predicaciónEsta es la situación dramática ante la que se encuentra todo traductor de las Escrituras Sagradas: Al traducir cada texto debe atender no solamente a las palabras correctas que utilizará para ser fiel al texto recibido, sino también a que la palabra elegida produzca en los lectores actuales el mismo impacto que produjo en aquellos que leyeron el texto por primera vez.
Y para eso no basta ver qué dicen los diccionarios: es necesario atender al entorno cultural, político, religioso, artístico de los destinatarios de la traducción. Los lectores y lectoras hispano-parlantes de Estados Unidos y de toda América Latina tienen una cultura y están inmersos en realidades muy diferentes de los destinatarios originales de los textos bíblicos.¿Qué palabras elegir para que se conmuevan de la misma forma que los oyentes de los profetas o de los  apóstoles?
 
 
P. Luis, usted es uno de los más prolíficos colaboradores. Prácticamente tradujo libros de cada sección de la BIblia (pentateuco, deuterocanónicos, profetas, históricos, sabiduría, el Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles). También por ello tiene mucha autoridad en mencionar cuál es el alma de esta traducción, para quién está escrita esta Bilblia y si, como dicen los coordinadores, "quiere ser un servicio" ¿qué matiz de servicio quisiera que esta Biblia lograse en nuestros pueblos y en las comunidades hispanas de los Estados Unidos?
 
Como decía más arriba, sabemos que los destinatarios de esta traducción son en primer lugar los hispano-parlantes de Estados Unidos, que provienen de todos los países de América Latina. Pero la BIA se hará llegar también a todos los países de América Latina. Se ha intentado prestar un "servicio" a todos los latinoamericanos entregándoles una Biblia en la que se exprese el texto en un lenguaje fácilmente comprensible para todos, no sólo los eruditos sino también la gente sencilla. Se ha querido que en general todos puedan entender el texto en una primera lectura, sin necesidad de recurrir a otros comentarios y explicaciones. Que no sólo el lenguaje, sino también las referencias a usos y costumbres de los tiempos bíblicos queden aclarados de modo que los textos no resulten oscuros para las personas de nuestro siglo y de nuestras latitudes. Esto ha presentado no pocos desafíos.
Tradicionalmente hemos leído Biblias en las que Dios nos hablaba en un lenguaje arcaico, con formas verbales muy en uso en España pero ajenas a nuestro hablar hispanoamericano. Para traducir la BIA se pensó que esta se debía expresar en la forma en que hablan todos los latinoamericanos, y no sólo los de una región. Pero nos encontramos con que todos hablamos castellano, y sin embargo muchas veces no nos entendemos. Hay palabras que en los diferentes países tienen distinto significado, y hay palabras y fórmulas que se usan en un lugar pero no en otro. Los traductores debíamos luchar para encontrar la forma de expresar un texto de forma que fuera correctamente comprendido por todos los latinoamericanos y al mismo tiempo mantuviera la fidelidad al original. Muchas veces esto no ha sido fácil.
Se buscó que las notas "eruditas", al pie de página, sean muy pocas, y que en su lugar hubiera notas que pudieran ser "introductorias" a cada perícopa, con contenidos que ayuden a una lectura orientada pastoral y espiritualmente.
Si todo fiel cristiano tiene el derecho a recibir la Palabra de Dios de manera que la pueda entender, nuestro "servicio" al pueblo fiel de América Latina consiste principalmente en acercar a todos y a cada uno ese texto traducido de forma que en él se puedan encontrar con Dios que en un lenguaje familiar y actual, "les habla como  amigos para invitarlos y recibirlos en su compañía" (Dei Verbum I,2).
 
Padre Luis, sé que la Biblia le ha traído muchas alegrías y homenajes pero es cierto que no hay miel sin hiel; y que ha debido afrontar amarguras. ¿Quisiera compartir alguna anécdota en retrospectiva sobre los sacrificios que le ha implicado una vida dedicada al estudio, crítica, análisis e investigación de la Biblia?
 
Gracias a Dios, puedo decir que a lo largo de mi vida el estudio, la enseñanza y la difusión de la Sagrada Escritura me han traído muchas alegrías, pero ninguna amargura. Es verdad que en todo momento han surgido y siguen surgiendo dificultades, que no se pueden catalogar como amarguras, sino como desafíos que es necesario enfrentar y superar. En algunos casos estos son provocados por personas que se cierran a todo progreso en la comprensión de los textos bíblicos o rechazan la aplicación de nuevos métodos porque piensan que la fidelidad a la Palabra de Dios les exige mantenerse adheridos con firmeza a las formas de interpretación usadas en otros tiempos o por algún santo de la antigüedad. No ha faltado quien me ha acusado (incluso ante la autoridad eclesiástica) de estar cercano a la herejía. Pero gracias a Dios las autoridades no dieron curso a esas acusaciones porque sabían muy bien que la fidelidad al Magisterio de la Iglesia exige recurrir a todos los métodos que contribuyen a esclarecer el sentido de los textos.
En otros casos se trata de personas que pretenden hacer de la exposición de la Escritura una batalla contra los que la interpretan de otra forma. Eso sucedía en los tiempos en que yo era seminarista, cuando se dedicaba la mayor parte del tiempo de la enseñanza en aprender cómo combatir a los presuntos adversarios, y se reservaba muy poco espacio para estudiar lo que dice el texto sagrado. Hace poco tiempo me sucedió que alguien pretendió que yo hablara por un medio público para refutar a tales o cuales adversarios, y quedó muy ofendido conmigo porque no lo hice.
Pero como decía al principio, esto no es causa de "amarguras", sino un desafío para que pensemos cómo "comenzar por casa" la enseñanza de la Escritura, mostrando a estas personas que la fidelidad a la Palabra de Dios no es inmovilismo, sino un dejarse llevar por el soplo del Espíritu que "nos conduce en la verdad completa".
 
 
Felipe de J. Monroy.