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“Dar ejemplo de cómo vive un cristiano”: Cardenal Sergio Obeso Rivera

 

 

23 de mayo de 2018

Mons. Sergio Obeso Rivera, Arzobispo emérito de Xalapa, se convierte en Cardenal de la Iglesia católica por voluntad del Santo Padre Francisco. No obstante su condición de retiro, vive su ministerio de forma entregada y humilde en el Estado de Veracruz donde guía a los fieles trabajando por el anuncio de la Buena Noticia.

Nació hace 86 años en Xalapa, Veracruz (1931). Desde muy joven ingresó al seminario para el estudio de las humanidades y fue ordenado sacerdote el día de su cumpleaños, 31 de octubre de 1954. Su ministerio lo desarrolló en la formación de futuros pastores. En 1971, el beato Paulo VI lo nombró IV obispo de Papantla; en 1974, Mons. Sergio Obeso Rivera fue designado coadjutor para la Arquidiócesis de Xalapa para suceder a Mons. Emilio Abascal Salmerón convirtiéndose, en 1979, en el VIII Arzobispo y sucesor de san Rafael Guízar y Valencia.

Condujo la Arquidiócesis de Xalapa hasta el año 2007 para ser emérito por razones de edad canónica. Su ministerio episcopal fue de grandes claves en la historia de México. Siendo presidente de los Obispos fue uno de los promotores del nuevo orden constitucional y jurídico de las iglesias y el Estado. Como bien reconoció el Cardenal José Francisco Robles Ortega, presidente de la CEM y el secretario general del organismo, el auxiliar de Monterrey, Mons. Alfonso Miranda Guardiola, los grandes méritos del nuevo Cardenal son lo de ser “un hombre sencillo, austero, sumamente servicial y atento a las realidades sociales de México; impulsor hasta sus últimos esfuerzos de la causa de canonización de San Rafael Guízar y Valencia. Arzobispo Emérito prudente, que en la generosidad y la alegría de su ministerio, continúa celebrando el culto y anunciando el Evangelio”.

Mons. Obeso Rivera apenas asimila esta gran deferencia del Papa a su persona. Sabe que, por su edad, no puede hacer grandes cosas, pero un objetivo sí tiene claro: la condición de Cardenal de la Iglesia católica lo compromete a dar testimonio de su condición cristiana. El cardenalato, como diría en esta conversación, no es para hacer lucimientos o exhibicionismos; por el contrario, es una condición de humildad.

 

Aquí la entrevista que ofrece a nuestros lectores.

Señor Cardenal, ¿cómo se enteró de su nombramiento, quién lo dio a conocer?

El domingo de Pentecostés, muy temprano, me habló mi obispo, el Arzobispo de Xalapa, y me dio la noticia de que Su Santidad Francisco me había nombrado Cardenal de la Iglesia romana.

Es un reconocimiento muy especial del Papa a la Iglesia mexicana…

Así lo tomo yo. Más que a mi persona, es a mi diócesis, a mi Estado y a toda la nación mexicana.

Usted ha tenido una trayectoria muy destacada en la Iglesia como Arzobispo de Xalapa y presidente de los obispos de México, un auténtico pastor.

Pienso que yo no era para esto; sin embargo, cambio de opinión al ver el júbilo de tanta gente al enterarse de este reconocimiento. Es una alegría grande y auténtica de mucha gente, vale la pena asumir esto y nunca lo tuve en cuenta porque lo consideraba totalmente fuera de mi ambiente, pero así fue. Lo tomo, dada la edad en la que me encuentro, como una forma de agradecer a mi Señor por tantas posibilidades que me ha dado de servir a mi Iglesia. Me vienen a la mente aquellas palabras que dijeron del Cid Campeador: “Qué gran pueblo, lástima que tenga tan poco señor”, así pienso en mi caso, “Qué gran pueblo, el pueblo católico mexicano, lástima que tenga tan poco señor”. Espero que la voluntad de Dios cubra esta distancia tan grande que hay en la realidad de este reconocimiento y la indignidad de quien lo recibe.

Usted fue uno de los protagonistas en el apuntalamiento de las nuevas relaciones del Estado y las Iglesias en 1992…

Así fue. Estuve en todas las pláticas con el gobierno federal para llegar al reconocimiento jurídico de las iglesias siendo presidente de la Conferencia Episcopal mexicana.

En ese tiempo usted señalaba las tentaciones que podría tener la Iglesia: poder y acumular las riquezas. En el mensaje de cuaresma de 1992 advertía que la Iglesia debería ser humilde. ¿Cómo estamos ahora?

Depende qué es lo que abarque la palabra “Iglesia” en este caso. En México, la Iglesia católica, como pueblo de Dios, está en el tercer mundo. En la jerarquía, hay de todo entre nosotros. Creo que se han inflado mucho las cosas cuando se habla de un clero pomposo y que sale de lo común. Se exageran las cosas. Hay de todo, como en todas partes.

Le tocó la era de las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio que prometía ser la panacea en Norteamérica. En aquélla ocasión usted dijo: “Pronto entrará en vigor entre nosotros el Tratado de Libre Comercio en el que habrá tal libertad en las relaciones comerciales que dará ocasión para el abuso del poderoso sobre el débil”. Hoy México negocia el Tratado en condiciones que parecen de desventaja. ¿Son actuales esas palabras pronunciadas hace más de 25 años?

En ese entonces veía, y conmigo muchas personas, que estábamos queriendo juntar, en la misma pecera, una piraña con un pez de colores. La piraña sería el norte y el pez de colores, nosotros. Ahora que se está tratando de acabar con el Tratado de Libre Comercio, después de las experiencias que hemos tenido, resulta que ha cambiado la opinión en relación a él. Ha favorecido, en mucho, el nivel de vida de los mexicanos. Por lo mismo, todo lo que sea atentatorio del libre comercio, lo consideramos un error. La posición es muy distinta ahora de lo que fue.

Nos ha beneficiado más el libre comercio…

A posteriori hemos visto que el Tratado ha sido beneficioso; sería un retroceso desconocerlo. Nos da temor que, por el camino del presidente de los Estados Unidos, estén tratando de acabar con él. Hemos cambiado de opinión después de ver los beneficios que ha traído el libre comercio.

Otro aspecto de su ministerio fue la participación en los diálogos de paz de Chiapas en 1994. Esto también lo reconoce la Conferencia del Episcopado Mexicano.

Sí, tenía un especial significado por el cargo. Nos trasladamos hasta Chiapas, hablamos con el corifeo de todo el movimiento y luchamos, en verdad, para que fuera asumido el poner el práctica todo lo bueno que había en ese movimiento. No todo era, para decirlo ahora, “satánico” ni mucho menos. A posteriori vemos que tenía cosas muy buenas y colaboró en dar un paso adelante en la situación del reconocimiento de la dignidad de las culturas prehispánicas en México que no son pocas, tenemos diez millones de indígenas.

Los diálogos de paz tuvieron un protagonista central, el obispo de San Cristóbal de las Casas, don Samuel Ruiz. El cardenalato que le ha sido otorgado, ¿es también una forma de reconocer el trabajo de paz al lado de don Samuel?

Realmente todas esas glorias van para don Samuel Ruiz. Para este reconocimiento, nada tuvo que ver ese episodio (el de los diálogos de paz) que cada vez está más desdibujado en el panorama de nuestra historia.

Poniéndonos en el presente, vivimos una situación de verdadera angustia. Usted también mencionó que ante los retos, los mexicanos debemos estar a la altura de las circunstancias. ¿Qué nos hace falta para responder a nuestra vocación cristiana?

Ser un pueblo más evangelizado porque nosotros no podemos quejarnos en las manifestaciones de religiosidad popular. ¿Somos un pueblo suficientemente evangelizado? Estamos distantes de este ideal y nuestra lucha primordial es buscar una evangelización sólida. En la admiración que tenemos hacia la Virgen de Guadalupe debemos solicitarle que nuestro pueblo sea evangelizado en profundidad.

Estamos en un ambiente electoral. ¿Qué recomendaciones nos hace usted, nuevo Cardenal, en este escenario tan polarizado?

Desde luego votar. Segundo, analizar bien por quién se vota, por cuál partido o candidato. No hacerlo a ciegas sino usando criterios para saber por dónde dirigir nuestro voto. Los obispos de la región pastoral del Golfo, o sea del Estado de Veracruz, en un documento que dirigimos al pueblo con motivo de las elecciones, tomamos como punto de referencia el votar de forma consciente examinando críticamente las diferentes posturas políticas.

¿Irá a Roma a recibir el capelo?

Todavía no tengo nada planeado, apenas me enteré. En estos días espero, con ayuda del Señor, arreglar el viaje a Roma.

¿Qué mensaje quisiera dejar a todos los lectores de nuestro portal?

Muy personal. Rueguen por mí. En verdad, haber recibido este reconocimiento debe corresponder a una invitación para los años que me quedan, tengo 86 cumplidos, y dar ejemplo porque no creo que pueda trabajar para la Iglesia en otra dimensión. Dar ejemplo de cómo vive un cristiano. Tan claro que lo pueda percibir todo mundo, sin exhibicionismo, pero con solidez. Hagan una oración por mí, les estaré muy agradecido.

 

 

Fuente: http://blogs.periodistadigital.com/

 

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