¿Cómo trabajar sin descuidar a mi familia?

Familia
Compartir en redes sociales.

Esta realidad es dura y difícil, pero si Dios nos dio la bendición de ser padres es porque podemos cumplir con esta misión. ¿Qué necesitan tus hijos? Tus hijos necesitan que los ames, que les des tu tiempo, que los acompañes y prepares para que el día de mañana sean buenos ciudadanos católicos. Piensen por un momento en esto: sus hijos serán su legado más importante; serán las mujeres y hombres que educarán para vivir en sociedad y que ayudarán a que este mundo sea mejor. 

Si sientes que te falta energía o fuerza al final del día, recuerda que Dios es quien te puede escuchar cualquier día de la semana y a cualquier hora. Cristo nos dice que “Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mateo 11, 28-30) Ábrele tu corazón y pídele que te ilumine y te dé sabiduría. También necesitarás mucha paciencia y amor. 

Amar a tus hijos en todo momento es muy importante, pero sobre todo, cuando les tienes que enseñar el camino de la verdad y el bien. La disciplina y obediencia ayudan a que sean responsables. Ser papá o mamá no es una tarea fácil porque cuando llegaron sus hijos, recibieron un regalo, pero también un compromiso y una responsabilidad. 

La vocación que escogiste cuando decidiste formar a tu familia puede cumplirse mejor si tienes la actitud de aprender sobre cómo educar a tus hijos. Lo demás se aprende en la experiencia de cada día. No te preocupes si tus hijos a veces no escuchan lo que les dices; lo que vean todos los días con tu ejemplo vale más que mil palabras. 

Siempre hemos escuchado que en este mundo no existe la familia perfecta, pero sí existe. Por nuestra fe creemos que es la Sagrada Familia. El Niño Jesús, la Santísima Virgen María y San José son el modelo perfecto que todos somos capaces de alcanzar. Nos enseñaron valores como la fe, la esperanza y el amor. De esta manera podemos lograr la santidad. Ser santos no significa no pecar, sino levantarnos cuando nos caemos y amar a todos como Cristo nos amó. Por ejemplo, nuestro trabajo puede ser un camino para ser santos si lo hacemos todo con amor. 

Tú puedes empezar a cambiar con tu familia. Pero también necesitamos que las empresas, las organizaciones, los sindicatos, el Estado y las familias nos unamos para que el trabajo no nos obligue a renunciar a las responsabilidades del hogar. Hace falta una red de apoyo en donde la familia sea el actor principal. 

Seamos pequeñas Iglesias domésticas donde reine Cristo, y no olviden pedir la intercesión de Nuestra Madre del cielo en el Santo Rosario y a San José, patrono de los trabajadores. 
En la siguiente edición encontrarán consejos prácticos sobre este tema.

 

 

Fuente: http://www.siame.mx/

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *