Muerte del sacerdote indígena engrosa la vergonzosa lista de sacerdotes asesinados

Noticiero Arnmultimedios
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              Comenta que, como ha ocurrido en otras Iglesias particulares del país, ahora tocó a la Prelatura del Nayar sufrir las consecuencias del deterioro social que se vive en México. “La comunidad se encuentra consternada. Cada vez que asesinan a un miembro de una familia cercana, nos desmoralizamos mucho, nos entristecemos; ahora ha sido privado de la vida el P. Felipe, y no nos queda más que pedir a Dios que nos ayude a recobrar el aliento”.

             Señala que las autoridades aún no han precisado el móvil del asesinato, aunque señalaron que, de acuerdo con la escena del crimen, se trató de un intento de asalto. “El P. Felipe celebraba Misa los domingos en una comunidad lejana a la sede parroquial; allá se quedaba a dormir y se regresaba el lunes por la mañana. Justo de allá venía; llevaba apenas unos kilómetros de recorrido, cuando integrantes de dicha comunidad escucharon disparos de arma de fuego; se corrió pronto el rumor de que habían sido disparados contra la camioneta pick-up que conducía el sacerdote, y fue entonces que nos comenzaron a llamar para preguntarnos si sabíamos algo. Poco más tarde se confirmó la noticia de que el P. Felipe había sido la víctima”.

                Explica que los criminales colocaron una barricada de piedras para estorbar el paso a la camioneta, pero al parecer la pick-up aún iba en marcha cuando el sacerdote recibió el impacto de bala, éste perdió el control del vehículo y fue a estrellarse contra un muro. “En la caja trasera de la camioneta venían dos personas, quienes quedaron heridas cuando ésta se estrelló. Ninguna de las dos quiere hablar mucho sobre lo que ocurrió; al parecer están muy asustadas, aunque tampoco podemos descartar que hayan sido amenazadas. No lo sabemos en realidad. Por lo pronto, la policía está llevando a cabo las investigaciones; confiamos en que hagan un buen trabajo, que reporten a la brevedad los avances del caso y que se haga justicia”. 

El Obispo del Nayar comenta que lamentablemente el asesinato del P. Felipe no es un caso aislado en el país. “En México los sacerdotes tenemos que cuidarnos. Si bien la mayoría de las personas aún nos respeta por la labor que realizamos, ahora hay quienes, quizás bajo el influjo de las drogas, no reparan en quién es la víctima. “Sin embargo, nuestra misión, ante esta situación de decadencia social que se ha dado en México, es buscar la reconciliación entre unos y otros; aunque a veces resulte difícil, debemos tener ojos de amor y de perdón, de ternura y de misericordia, tanto para los que sufren una tragedia como para los victimarios. No podemos pensar en venganza, sino en justicia, y pedir por la conversión de esas personas”.

Finalmente, señala que tanto los miembros de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), como el Arzobispo de Guadalajara, Card. Robles Ortega, y Obispos de diversas diócesis del país, le han manifestado su cercanía y solidaridad ante los hechos, a la vez que rezan por la reconciliación de todos como nación, y para que se acaben los males como la corrupción, que da pie a tantas otras problemáticas sociales. 

Cabe señalar que, al conocer de este crimen tan lamentable, la CEM emitió inmediatamente un comunicado en el que expresó sus condolencias a Mons. José de Jesús González, al clero, a miembros de la Vida Consagrada y a los fieles laicos de la Prelatura del Nayar, así como a los padres y familiares del P. Felipe Altamirano. “En estos momentos –señala el texto– en que nuevamente un sacerdote católico es alcanzado por el crimen, dirigimos nuestra mirada a Cristo Resucitado, quien nos confiere la fuerza para luchar por la construcción de un mundo reconciliado y en paz, justo y fraterno. La muerte no es el final del mensaje de amor que nos trajo nuestro Salvador, sino la vida en plenitud. Con su sacerdocio, el Padre Felipe encarnó estas certezas que nos da la fe”.

De acuerdo con el CCM, durante los últimos 26 años en México se han registrado 63 atentados contra miembros de la Iglesia Católica, de los cuales 59 son crímenes arteros, dos corresponden a sacerdotes que siguen en calidad de desaparecidos y dos secuestros frustrados. Las cifras indican que de 1990 a 2017, la lista la encabeza un cardenal, 43 sacerdotes, un diácono, 4 religiosos, 9 laicos comprometidos y una periodista católica. Esta lista vergonzosa se ha visto engrosada ahora con el asesinato del sacerdote indígena Felipe Altamirano Carrillo.

 

 

Fuente: http://www.siame.mx/

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